lunes, 28 de marzo de 2011

Para saber como anda el mundo por Thierry Meyssan

Medio Oriente: la contrarrevolución de Obama
por Thierry Meyssan*
Luego de cierto titubeo sobre la conducta a seguir ante las revoluciones árabes, la administración Obama se decide por el uso de la fuerza como medio de salvar a aquellos de sus vasallos que aún puedan tener salvación. Al igual que en el pasado, es Arabia Saudita quien recibe la misión de dirigir la contrarrevolución. Riad ha logrado que la comunidad internacional reconozca a sus peones libios en detrimento de los sublevados y ahora acaba de invadir Bahrein, ahogando en sangre la sublevación popular.
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20 DE MARZO DE 2011

Desde
Beirut (Líbano)

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Todas las versiones de este artículo:

français

Países
Arabia Saudita
Bahrein
Libia

Temas
AfriCom : Control de África
CentCom : Control del «Gran Medio Oriente»

A pedido del rey Hamad ibn Isa Al-Khalifa y con el apoyo de Estados Unidos, las tropas de Arabia Saudita penetran en Bahrein el 14 de marzo de 2011 para aplastar la revuelta.
Después de reunirse en París con tres emisarios de la rebelión, el presidente francés Nicolas Sarkozy anunció, el jueves 10 de marzo de 2011, que Francia ya no reconoce al régimen del coronel Khadafi como representante de Libia sino al Consejo Nacional Libio de Transición (CNLT).
Se trata, en este caso, de un acto contrario a toda la tradición diplomática de Francia que, hasta ahora, siempre nunca había reconocido gobiernos sino Estados. Anteriormente, el 4 de diciembre de 2010, Francia había reconocido a Alassane Ouattara como presidente de Costa de Marfil, en lugar de Laurent Gbagbo.
En el caso de Costa de Marfil, la mayoría de la comunidad internacional imitó la decisión de París, que espera provocar ahora una reacción similar en lo tocante a Libia. Sin embargo, nadie puede dejar de notar que las decisiones del presidente Nicolas Sarkozy no responden a los intereses de Francia –cuyas empresas están siendo expulsadas de Costa de Marfil y no tardarán de ser igualmente expulsadas de Libia– sino que han sido tomadas en respuesta a pedidos expresos de las administraciones del presidente estadounidense Obama y del primer ministro israelí Netanyahu.
Dos operaciones se desarrollan de forma simultánea: el desplazamiento del dispositivo militar estadounidense hacia África y el salvamento de los regimenes títeres en el mundo árabe.
Meter las tropas imperiales en África
Como he venido explicando constantemente desde hace 4 años y medio, la victoria de la resistencia libanesa ante Israel en el verano de 2006 puso fin a la estrategia estadounidense de rediseño del «Medio Oriente ampliado» (Greater Middle East) [1]. A pesar de diversos intentos, como la «mano tendida» de Barack Obama en su discurso del Cairo [2], Washington no ha logrado elaborar su estrategia de repuesto. Todo parece seguir como antes, pero en realidad Estados Unidos se está desentendiendo poco a poco de esa región.
Después de todo, las reservas petrolíferas del Medio Oriente están en declive y una intromisión militar, masiva y costosa, sólo reporta beneficios a largo plazo, por lo que Washington mira actualmente hacia otras latitudes. Luego de haber estudiado la posibilidad de concentrarse en el Caribe, el Imperio mira ahora hacia África. Tiene que apurarse porque en 2013 el 25% del petróleo y de las materias primas que se consuman en Estados Unidos saldrá del continente negro. Definitivamente convencido por los trabajos del instituto de reflexion y propaganda israelí Institute for Advanced Strategic & Political Studies (IASPS), Washington ha acelerado la creación del AfriCom.
El verdadero poder que está gobiernando Estados Unidos desde el golpe de Estado del 11 de septiembre de 2011 puso entonces a Barack Obama en la Casa Blanca y al general William E. Ward en el AfriCom.
Recordarán ustedes que el senador de origen kenyano Barack Obama trabajó activamente en la creación de ese dispositivo y que emprendió una gira especial por África en agosto de 2005, gira que terminó con una rendición de cuentas en la sede del AfriCom, en Stuttgart. El senador Obama se ocupó entonces especialmente de los intereses de las firmas farmacéuticas en el continente negro y de los preparativos para la división del territorio de Sudán [3].
El general Ward, por su parte, no es simplemente un negro estadounidense, sino que es también el ex responsable de la ayuda estadounidense de seguridad a la Autoridad Palestina, o sea fue el coordinador de seguridad entre Mahmud Abbas y Ariel Sharon. Estuvo a cargo de la aplicación de la «hoja de ruta» y de la retirada unilateral de las fuerzas israelíes de Gaza –anterior a la construcción del muro de separación, a la división de los territorios palestinos en dos (Gaza y Cisjordania) y a su transformación en «bantustanes» separados entre sí.
El conflicto de Costa de Marfil entre Laurent Gbagbo, electo por la mayoría de la población nacional, y Alassane Ouattara, que goza del apoyo de una minoría local y de los inmigrantes originarios de Burkina Fasso, marca el inicio del plan de «rediseño de África». Falta encontrar una puerta de entrada para las tropas imperiales ya que todos los Estados africanos han expresado oficialmente su oposición al despliegue del AfriCom en territorio africano. Es en este punto que interviene la sublevación libia.
La ola de oposición al imperialismo que viene sacudiendo el mundo árabe desde diciembre de 2010 ha provocado la caída del gobierno de Saad Hariri en el Líbano, la fuga de Zine el-Abbdine Ben Ali en Túnez, la caída de OSN Mubarak en Egipto, disturbios en Yemen, en Bahrein y en Arabia Saudita y enfrentamientos en Libia. En este último país, el coronel Muamar el-Khadafi se apoya en los Khadafa (tribu del centro del país) y en la mayoría de los Makarha (tribu del oeste) y se enfrenta a una amplia coalición que, además de los Warfala (tribu del este), incluye tanto a monárquicos prooccidentales como a integristas wahhabitas y revolucionarios comunistas o khomeinistas.
Washington ha transformado esta insurrección en una guerra civil: los mercenarios africanos de la empresa israelí CST Global llegaron en auxilio de Khadafi [4] mientras que los mercenarios afganos de los servicios secretos de Arabia Saudita arribaron para apoyar a los partidarios de la monarquía y grupos islamistas etiqueteados como «Al-Qaeda».
Además de los combates, esta situación está provocando una crisis humanitaria internacional: en dos semanas 230 000 inmigrantes han huido del país (118 000 hacia Túnez, 107 000 hacia Egipto, 2 000 hacia Níger y 4 300 hacia Argelia).
Esta cruel situación justifica una nueva «guerra humanitaria», según la gastada terminología de la propaganda atlantista.
El 27 de febrero, los sublevados fundan el Consejo Nacional Libio de Transición (CNLT). Por su parte, el ministro de Justicia Mustafa Mohamed Abud al-Djeleil, interlocutor privilegiado del Imperio en el seno del gobierno de Khadafi, se une a la revolución y crea un gobierno provisional. Las dos estructuras se funden en una sola el 2 de marzo, conservan la etiqueta CNLT pero ahora es Abud al-Djeleil quien preside el Consejo. En otras palabras, Washington logró situar su peón a la cabeza de la insurrección.
Violentas discusiones se producen durante los primeros debates del nuevo Consejo Nacional Libio de Transición. Los elementos proestadounidenses proponen recurrir a la ONU para impedir los bombardeos de las fuerzas leales a Khadafi, pero la mayoría se opone.
El 5 de marzo, un diplomático británico llega a Bengasi escoltados por comandos del SAS [Siglas del Special Air Service, principal fuerza de operaciones especiales del ejército británico. Nota del Traductor.], trata de reunirse con el Consejo Nacional Libio de Transición y de convencerlo de que recurra al Consejo de Seguridad de la ONU, pero los sublevados rechazan toda forma de injerencia y lo expulsan.
Se trata de un resultado inesperado. Abud al-Djeleil no logra cambiar la posición del CNLT pero lo convence de conformar un Comité de Crisis presidido por Mahud Djebril. Este último se pronuncia a favor de la instauración de una zona de exclusión aérea.
Mahmud Djebril (ministro libio de Planificación) y Ali Esaui (embajador en la India) se unieron a los sublevados. Los occidentales los escogieron para representar la Libia post-Khadafi.
Las agencias de prensa occidentales se esfuerzan por presentar a Mahmud Djebril como «un intelectual demócrata» que venía reflexionando desde hace mucho sobre la evolución del país y que había redactado un proyecto titulado Visión libia. La realidad es que Mahmud Djebril, junto con su amigo al-Djeleil, formaba parte del gobierno de Khadafi como ministro de Planificación. Al igual que en los primeros días de las revoluciones de Túnez y Egipto, varios cuadros del régimen tratan de separarse del dictador para quedarse en el poder.
Creen que lograrán esto último desviando el proceso revolucionario y poniéndose al servicio de los intereses imperiales. Así que ahora agitan la bandera roja, negra y verde del rey Idris [5] mientras que el aspirante al trono, Mohamed el-Senussi, afirma, desde Londres y a través de los canales de televisión de Arabia Saudita, que está «dispuesto a servir a Su pueblo».
El 7 de marzo, el Consejo de Cooperación del Golfo, conformado por Arabia Saudita, Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar, «solicita al Consejo de Seguridad de la ONU que tome las medidas necesarias para proteger a los civiles en Libia, como la imposición de una zona de exclusión aérea». Esta absurda declaración desvía el debate del Consejo de Seguridad que, desde la adopción de la resolución 1970 [6], venia tratando de hacer entrar en razón al coronel Khadafi mediante la limitación de sus desplazamientos y la congelación de sus bienes.
El Consejo de Cooperación del Golfo retoma así, a nivel estatal, la proposición del embajador de Libia en la ONU, diplomático que ya se había pasado a las filas del CNLT.
Supuestamente por iniciativa de los diputados, Mahmud Djebril viaja a Estrasburgo para informar al Parlamente Europeo sobre la situación de su país. El ejército francés le garantiza el transporte. Bajo el impulso del liberal belga Guy Verhofsdat y del ecologista franco-alemán Daniel Cohn-Bendit, el Parlamento Europeo adopta una resolución llamando a una intervención internacional [7].
El primer ministro británico David Cameron y el presidente francés Nicolas Sarkozy envían una carta de 7 puntos al presidente de la Unión Europea, Herman van Rompuy [8]. Expresan sus deseos de que el Consejo Europeo extraordinario reconozca al CNLT, apoye una denuncia contra Khadafi ante el Tribunal Penal Internacional y apruebe una intervención militar internacional. Pero sus pedidos son rechazados [9]. Alemania se niega a meterse en terreno peligroso mientras que Bulgaria rechaza al CNLT y acusa a sus representantes de ser criminales implicados en las torturas a las enfermeras búlgaras que el régimen mantuviera detenidas por largo tiempo.
Simultáneamente, los ministros de Defensa de la OTAN se reúnen en Bruselas para preparar una posible zona de exclusión aérea [10].
El CNTL –ya reconocido por Francia desde el 10 de marzo– entrega el 12 de marzo una carta al secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa. El texto refleja la posición de Arabia Saudita: pide que «se ponga fin al derramamiento de sangre a través de una decisión que imponga una zona de exclusión aérea en Libia y mediante el reconocimiento del Consejo Nacional de Transición como representante de Libia». Los ministros de Relaciones Exteriores de la Liga Árabe se reúnen inmediatamente a puertas cerradas en El Cairo, deslegitiman a la delegación oficial de Libia y reconocen al CNTL como nuevo interlocutor, satisfacen después la petición de este último y recurren al Consejo de Seguridad de la ONU con vistas al establecimiento de la «zona de no sobrevuelo».
Esta decisión debe ser interpretada como lo que realmente es: los regímenes títeres de Estados Unidos e Israel en el mundo árabe piden la protección de sus superiores. El Consejo de Seguridad puede decretar una zona de exclusión aérea, pero no tiene cómo hacerla respetar. Será la OTAN quien tenga que imponerla. Son las fuerzas imperiales, disfrazadas de cascos azules, quienes mantendrán en tierra a la aviación Libia, bombardeando sus aeropuertos e instalaciones fijas o móviles de misiles tierra-aire y, de ser necesario, derribando los aviones.
La Liga Árabe no dio a conocer los detalles del voto. De los 22 Estados miembros, sólo 2 votaron por el NO. Fueron Argelia, que teme un despliegue de la OTAN en su frontera este, y Siria, el único país árabe que persiste, a pesar de la posición de todos los demás, en su oposición a la hegemonía estadounidense y al sionismo. Es probable que el Líbano y otros países hayan elegido la abstención.
Contrariamente a lo que sugieren los responsables occidentales, la Unión Africana nunca ha deseado una intervención militar extranjera. Por el contrario, la rechazó explícitamente el 10 de marzo [11]. La razón es evidente. Está claro para todos y cada uno de sus miembros que el drama libio está siendo amplificado de manera totalmente intencional con vistas a utilizarlo como pretexto para justificar un desembarco masivo de las fuerzas armadas estadounidenses en África.
Salvar las monarquías del Golfo
Arabia Saudita es el eje del dispositivo imperial en la región del Golfo. A principios del siglo 20, la familia Saud creó ese Estado con el apoyo de los británicos, después de guerras de conquista extremadamente sangrientas. Arabia Saudita y sus reservas petrolíferas –las más importantes del mundo– cayeron dentro de la órbita estadounidense al final de la Segunda Guerra Mundial. En virtud del acuerdo del Quincy entre el rey Ibn Saud y el presidente Roosevelt, la familia Saud está obligada a suministrar petróleo a Estados Unidos y Estados Unidos está obligado a garantizar la protección de la familia reinante, no la protección del país.
Arabia Saudita no es en realidad un Estado y ni siquiera tiene nombre. No es más que la parte de Arabia que pertenece a la familia Saud, cuyos miembros administran ese territorio según sus intereses personales (y los de Estados Unidos) mientras llevan una vida disoluta que nada tiene que ver con la austeridad wahhabita de la que tanto presumen. Como el rey Ibn Saud tuvo 32 esposas y 53 hijos, por lo que se decidió, en aras de limitar los conflictos familiares, que la corona no se transmitiera de padre a hijo, sino de hermano a hermano. El hijo mayor de Ibn Saud murió de enfermedad y fue por lo tanto el siguiente hijo, que tenía entonces 51 años, quien le sucedió en el trono en 1953.
En 1960, le siguió el tercer hijo, que contaba entonces 60 años, y así sucesivamente. El actual rey tiene 87 años, recientemente sufrió complicadas intervenciones quirúrgicas y es probable que no le quede mucho tiempo de vida. Su hermano Sultan, el presunto sucesor, padece el mal de Alzheimer. El resultado de todo lo anterior es un régimen impopular y frágil, que ya estuvo a punto de derrumbarse en 1979. Es por eso que tanto Riad como Washington ven con temor las insurrecciones árabes que se están produciendo alrededor de Arabia Saudita, en Yemen y en Bahrein.
El ejército de Arabia Saudita ya está presente en Yemen y espera ayudar al presidente Ali Abdullah Saleh a poner fin a la revuelta, con la ayuda de la CIA. Queda Bahrein.
Bahrein es una islita del tamaño de Micronesia o de la isla de Man. En el siglo 18, la familia de los Al-Khalifa, primos de la familia reinante en Kuwait, arrebataron a Persia ese pequeño territorio. Así que la monarquía de Bahrein es sunnita mientras que la población es árabe chiíta. Su economía, a diferencia de las demás monarquías del Golfo, no depende únicamente de los ingresos del petróleo. En Bahrein existe, sin embargo, una fuerte inmigración, cerca del 40% de la población total, proveniente principalmente de Irán y la India.
Ian Henderson, torturador al servicio de Su Majestad Isabel II, ha mantenido el orden en Bahrein durante 40 años.
Bahrein cayó en la órbita británica en 1923. Londres depuso al emir y puso en el poder a su hijo, más dispuesto a hacer concesiones. Durante los años 1950 y 1960, nacionalistas árabes y comunistas trataron de liberar el país. El Reino Unido respondió con el envío de sus mejores especialistas en represión, como Ian Henderson, conocido desde entonces como el «carnicero de Bahrein».
En definitiva, el país recobró su independencia en 1971, sólo para caer en la órbita de Estados Unidos, que instaló allí su base militar regional y estacionó en ella la 5ª Flota. Nuevos disturbios, inspirados en la Revolución iraní, se produjeron en Bahrein durante los años 1980. En los años 1990, las fuerzas de oposición –marxistas, nacionalistas árabes y khomeinistas– se unieron en una larga Intifada.
Alain Bauer, consejero de seguridad de Nicolas Sarkozy, fue puesto a cargo de la reorganización de la policía de Bahrein.
La calma no volvió hasta 1999, con el ascenso al trono del rey Ahmad, un déspota ilustrado que instituyó una Asamblea consultiva electa y favoreció el acceso de las mujeres a los cargos de responsabilidad. Esto le valió cierta conciliación con su oposición histórica, pero alejó de él a los extremistas de la minoría sunnita que sirve de apoyo al régimen.
Desde el 14 de febrero de 2011, nuevas manifestaciones han venido teniendo lugar en Bahrein. Organizadas al principio por el Wefaq, el partido khomeinista, las manifestaciones denunciaban la corrupción y el sistema policial. Pero el éxito popular del movimiento y la brutal represión de que fue objeto provocaron una rápida radicalización, a pesar de un tímido intento de apertura del príncipe heredero [12].
Al centro, el príncipe Khalil bin Ahmad bin Muhammad Al Khalifa, ministro de Relaciones Exteriores del reino de Bahrein, y sus amigos del American Jewish Committee.
La monarquía perdió su legitimidad como resultado de las revelaciones sobre el fortalecimiento de sus vínculos con el movimiento sionista. A partir de 2007, los Khalifa se vincularon con el American Jewish Committee. Según la oposición de Bahrein, dichos vínculos se establecieron a través de Alain Bauer, el consejero del presidente francés Nicolas Sarkozy. Fue el propio Bauer quien se encargó de reorganizar el sistema policial de Bahrein.
El secretario estadounidense de Defensa, Robert Gates, llegó a Manama el 13 de marzo de 2011 para reunirse con el rey de Bahrein y expresarle el apoyo de Estados Unidos. Al día siguiente, el ejército de Arabia Saudita penetró en Bahrein para aplastar la rebelión.
La mayoría de los manifestantes luchan ahora por el derrocamiento de la monarquía, lo cual constituye la línea roja que no se puede atravesar, según los parámetros de las demás monarquías del Golfo y de su protector estadounidense. Es por ello que el secretario estadounidense de Defensa, Robert Gates, viajó a Manama el 13 de marzo de 2011.
Oficialmente, Gates invitó al rey a tener en cuenta los reclamos de su pueblo y a buscar una salida pacífica al conflicto. Claro está, ese tipo de consejo no corresponde a un secretario de Defensa, sino a un secretario de Estado. En realidad, el señor Gates había ido a Bahrein para concretar la parte política de una operación militar que ya estaba lista.
Al día siguiente, el 14 de marzo, los otras 5 monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo dieron su consentimiento para la activación del «Escudo de la península», una fuerza común de intervención prevista desde hace mucho para contener la posible expansión de la revolución khomeinista. Esa misma tarde, 1 000 soldados de Arabia Saudita y 500 policías de los Emiratos Árabes Unidos entraban en Bahrein.
Se decretó el estado de urgencia por espacio de 3 meses. Se suspendieron las pocas libertades toleradas. En la madrugada del 16 de marzo, las fuerzas de las monarquías, armadas y entrenadas por Estados Unidos, actuaron de conjunto para desalojar a los manifestantes de los lugares donde estaban acampando. En vez de gases lacrimógenos, utilizaron gases de combate y munición real. Las autoridades reconocen más de 1 000 heridos de gravedad, entre los que se cuentan varios heridos de bala, pero sólo admiten 5 muertos, una proporción muy poco creíble.
La Doctrina Obama
Así que Washington hizo su elección. Después de un adormecedor discurso sobre los derechos humanos y de saludar la «primavera árabe» con forzado entusiasmo, la administración Obama optó por la fuerza para salvar lo que aún puede salvarse.
Al igual que en la época en que los comunistas derrocaron la monarquía afgana, fue el lacayo saudita quien recibió de Washington el encargo de dirigir la contrarrevolución. Armó a una facción de la oposición libia y convirtió el debate de la ONU sobre sanciones contra Libia en un debate sobre la creación de una zona de exclusión aérea, o sea sobre la intervención militar, e intervino militarmente en Bahrein.
No hay diferencia entre la «doctrina Obama» y la «doctrina Brezhnev». En 1968, los tanques del Pacto de Varsovia ponían fin a la «primavera de Praga» para proteger el vacilante Imperio soviético. En 2011, los blindados de Arabia Saudita aplastan al pueblo de Bahrein para proteger el Imperio anglosajón.
Hipnotizados por las catástrofes naturales y nucleares que se están produciendo al mismo momento en Japón, los medios de prensa occidentales observan el mayor silencio sobre el desarrollo de toda esta operación.
La Revolución francesa tuvo que hacer frente a la invasión de las monarquías que unieron sus fuerzas. La Revolución rusa tuvo que afrontar la arremetida de los ejércitos blancos. La Revolución iraní tuvo que enfrentar la invasión iraquí. La Revolución árabe tendrá que hacer frente al ejército de Arabia Saudita.
Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores,

Para saber como anda el mundo por Thierry Meyssan

Medio Oriente: la contrarrevolución de Obama
por Thierry Meyssan*
Luego de cierto titubeo sobre la conducta a seguir ante las revoluciones árabes, la administración Obama se decide por el uso de la fuerza como medio de salvar a aquellos de sus vasallos que aún puedan tener salvación. Al igual que en el pasado, es Arabia Saudita quien recibe la misión de dirigir la contrarrevolución. Riad ha logrado que la comunidad internacional reconozca a sus peones libios en detrimento de los sublevados y ahora acaba de invadir Bahrein, ahogando en sangre la sublevación popular.
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20 DE MARZO DE 2011

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A pedido del rey Hamad ibn Isa Al-Khalifa y con el apoyo de Estados Unidos, las tropas de Arabia Saudita penetran en Bahrein el 14 de marzo de 2011 para aplastar la revuelta.
Después de reunirse en París con tres emisarios de la rebelión, el presidente francés Nicolas Sarkozy anunció, el jueves 10 de marzo de 2011, que Francia ya no reconoce al régimen del coronel Khadafi como representante de Libia sino al Consejo Nacional Libio de Transición (CNLT).
Se trata, en este caso, de un acto contrario a toda la tradición diplomática de Francia que, hasta ahora, siempre nunca había reconocido gobiernos sino Estados. Anteriormente, el 4 de diciembre de 2010, Francia había reconocido a Alassane Ouattara como presidente de Costa de Marfil, en lugar de Laurent Gbagbo.
En el caso de Costa de Marfil, la mayoría de la comunidad internacional imitó la decisión de París, que espera provocar ahora una reacción similar en lo tocante a Libia. Sin embargo, nadie puede dejar de notar que las decisiones del presidente Nicolas Sarkozy no responden a los intereses de Francia –cuyas empresas están siendo expulsadas de Costa de Marfil y no tardarán de ser igualmente expulsadas de Libia– sino que han sido tomadas en respuesta a pedidos expresos de las administraciones del presidente estadounidense Obama y del primer ministro israelí Netanyahu.
Dos operaciones se desarrollan de forma simultánea: el desplazamiento del dispositivo militar estadounidense hacia África y el salvamento de los regimenes títeres en el mundo árabe.
Meter las tropas imperiales en África
Como he venido explicando constantemente desde hace 4 años y medio, la victoria de la resistencia libanesa ante Israel en el verano de 2006 puso fin a la estrategia estadounidense de rediseño del «Medio Oriente ampliado» (Greater Middle East) [1]. A pesar de diversos intentos, como la «mano tendida» de Barack Obama en su discurso del Cairo [2], Washington no ha logrado elaborar su estrategia de repuesto. Todo parece seguir como antes, pero en realidad Estados Unidos se está desentendiendo poco a poco de esa región.
Después de todo, las reservas petrolíferas del Medio Oriente están en declive y una intromisión militar, masiva y costosa, sólo reporta beneficios a largo plazo, por lo que Washington mira actualmente hacia otras latitudes. Luego de haber estudiado la posibilidad de concentrarse en el Caribe, el Imperio mira ahora hacia África. Tiene que apurarse porque en 2013 el 25% del petróleo y de las materias primas que se consuman en Estados Unidos saldrá del continente negro. Definitivamente convencido por los trabajos del instituto de reflexion y propaganda israelí Institute for Advanced Strategic & Political Studies (IASPS), Washington ha acelerado la creación del AfriCom.
El verdadero poder que está gobiernando Estados Unidos desde el golpe de Estado del 11 de septiembre de 2011 puso entonces a Barack Obama en la Casa Blanca y al general William E. Ward en el AfriCom.
Recordarán ustedes que el senador de origen kenyano Barack Obama trabajó activamente en la creación de ese dispositivo y que emprendió una gira especial por África en agosto de 2005, gira que terminó con una rendición de cuentas en la sede del AfriCom, en Stuttgart. El senador Obama se ocupó entonces especialmente de los intereses de las firmas farmacéuticas en el continente negro y de los preparativos para la división del territorio de Sudán [3].
El general Ward, por su parte, no es simplemente un negro estadounidense, sino que es también el ex responsable de la ayuda estadounidense de seguridad a la Autoridad Palestina, o sea fue el coordinador de seguridad entre Mahmud Abbas y Ariel Sharon. Estuvo a cargo de la aplicación de la «hoja de ruta» y de la retirada unilateral de las fuerzas israelíes de Gaza –anterior a la construcción del muro de separación, a la división de los territorios palestinos en dos (Gaza y Cisjordania) y a su transformación en «bantustanes» separados entre sí.
El conflicto de Costa de Marfil entre Laurent Gbagbo, electo por la mayoría de la población nacional, y Alassane Ouattara, que goza del apoyo de una minoría local y de los inmigrantes originarios de Burkina Fasso, marca el inicio del plan de «rediseño de África». Falta encontrar una puerta de entrada para las tropas imperiales ya que todos los Estados africanos han expresado oficialmente su oposición al despliegue del AfriCom en territorio africano. Es en este punto que interviene la sublevación libia.
La ola de oposición al imperialismo que viene sacudiendo el mundo árabe desde diciembre de 2010 ha provocado la caída del gobierno de Saad Hariri en el Líbano, la fuga de Zine el-Abbdine Ben Ali en Túnez, la caída de OSN Mubarak en Egipto, disturbios en Yemen, en Bahrein y en Arabia Saudita y enfrentamientos en Libia. En este último país, el coronel Muamar el-Khadafi se apoya en los Khadafa (tribu del centro del país) y en la mayoría de los Makarha (tribu del oeste) y se enfrenta a una amplia coalición que, además de los Warfala (tribu del este), incluye tanto a monárquicos prooccidentales como a integristas wahhabitas y revolucionarios comunistas o khomeinistas.
Washington ha transformado esta insurrección en una guerra civil: los mercenarios africanos de la empresa israelí CST Global llegaron en auxilio de Khadafi [4] mientras que los mercenarios afganos de los servicios secretos de Arabia Saudita arribaron para apoyar a los partidarios de la monarquía y grupos islamistas etiqueteados como «Al-Qaeda».
Además de los combates, esta situación está provocando una crisis humanitaria internacional: en dos semanas 230 000 inmigrantes han huido del país (118 000 hacia Túnez, 107 000 hacia Egipto, 2 000 hacia Níger y 4 300 hacia Argelia).
Esta cruel situación justifica una nueva «guerra humanitaria», según la gastada terminología de la propaganda atlantista.
El 27 de febrero, los sublevados fundan el Consejo Nacional Libio de Transición (CNLT). Por su parte, el ministro de Justicia Mustafa Mohamed Abud al-Djeleil, interlocutor privilegiado del Imperio en el seno del gobierno de Khadafi, se une a la revolución y crea un gobierno provisional. Las dos estructuras se funden en una sola el 2 de marzo, conservan la etiqueta CNLT pero ahora es Abud al-Djeleil quien preside el Consejo. En otras palabras, Washington logró situar su peón a la cabeza de la insurrección.
Violentas discusiones se producen durante los primeros debates del nuevo Consejo Nacional Libio de Transición. Los elementos proestadounidenses proponen recurrir a la ONU para impedir los bombardeos de las fuerzas leales a Khadafi, pero la mayoría se opone.
El 5 de marzo, un diplomático británico llega a Bengasi escoltados por comandos del SAS [Siglas del Special Air Service, principal fuerza de operaciones especiales del ejército británico. Nota del Traductor.], trata de reunirse con el Consejo Nacional Libio de Transición y de convencerlo de que recurra al Consejo de Seguridad de la ONU, pero los sublevados rechazan toda forma de injerencia y lo expulsan.
Se trata de un resultado inesperado. Abud al-Djeleil no logra cambiar la posición del CNLT pero lo convence de conformar un Comité de Crisis presidido por Mahud Djebril. Este último se pronuncia a favor de la instauración de una zona de exclusión aérea.
Mahmud Djebril (ministro libio de Planificación) y Ali Esaui (embajador en la India) se unieron a los sublevados. Los occidentales los escogieron para representar la Libia post-Khadafi.
Las agencias de prensa occidentales se esfuerzan por presentar a Mahmud Djebril como «un intelectual demócrata» que venía reflexionando desde hace mucho sobre la evolución del país y que había redactado un proyecto titulado Visión libia. La realidad es que Mahmud Djebril, junto con su amigo al-Djeleil, formaba parte del gobierno de Khadafi como ministro de Planificación. Al igual que en los primeros días de las revoluciones de Túnez y Egipto, varios cuadros del régimen tratan de separarse del dictador para quedarse en el poder.
Creen que lograrán esto último desviando el proceso revolucionario y poniéndose al servicio de los intereses imperiales. Así que ahora agitan la bandera roja, negra y verde del rey Idris [5] mientras que el aspirante al trono, Mohamed el-Senussi, afirma, desde Londres y a través de los canales de televisión de Arabia Saudita, que está «dispuesto a servir a Su pueblo».
El 7 de marzo, el Consejo de Cooperación del Golfo, conformado por Arabia Saudita, Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar, «solicita al Consejo de Seguridad de la ONU que tome las medidas necesarias para proteger a los civiles en Libia, como la imposición de una zona de exclusión aérea». Esta absurda declaración desvía el debate del Consejo de Seguridad que, desde la adopción de la resolución 1970 [6], venia tratando de hacer entrar en razón al coronel Khadafi mediante la limitación de sus desplazamientos y la congelación de sus bienes.
El Consejo de Cooperación del Golfo retoma así, a nivel estatal, la proposición del embajador de Libia en la ONU, diplomático que ya se había pasado a las filas del CNLT.
Supuestamente por iniciativa de los diputados, Mahmud Djebril viaja a Estrasburgo para informar al Parlamente Europeo sobre la situación de su país. El ejército francés le garantiza el transporte. Bajo el impulso del liberal belga Guy Verhofsdat y del ecologista franco-alemán Daniel Cohn-Bendit, el Parlamento Europeo adopta una resolución llamando a una intervención internacional [7].
El primer ministro británico David Cameron y el presidente francés Nicolas Sarkozy envían una carta de 7 puntos al presidente de la Unión Europea, Herman van Rompuy [8]. Expresan sus deseos de que el Consejo Europeo extraordinario reconozca al CNLT, apoye una denuncia contra Khadafi ante el Tribunal Penal Internacional y apruebe una intervención militar internacional. Pero sus pedidos son rechazados [9]. Alemania se niega a meterse en terreno peligroso mientras que Bulgaria rechaza al CNLT y acusa a sus representantes de ser criminales implicados en las torturas a las enfermeras búlgaras que el régimen mantuviera detenidas por largo tiempo.
Simultáneamente, los ministros de Defensa de la OTAN se reúnen en Bruselas para preparar una posible zona de exclusión aérea [10].
El CNTL –ya reconocido por Francia desde el 10 de marzo– entrega el 12 de marzo una carta al secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa. El texto refleja la posición de Arabia Saudita: pide que «se ponga fin al derramamiento de sangre a través de una decisión que imponga una zona de exclusión aérea en Libia y mediante el reconocimiento del Consejo Nacional de Transición como representante de Libia». Los ministros de Relaciones Exteriores de la Liga Árabe se reúnen inmediatamente a puertas cerradas en El Cairo, deslegitiman a la delegación oficial de Libia y reconocen al CNTL como nuevo interlocutor, satisfacen después la petición de este último y recurren al Consejo de Seguridad de la ONU con vistas al establecimiento de la «zona de no sobrevuelo».
Esta decisión debe ser interpretada como lo que realmente es: los regímenes títeres de Estados Unidos e Israel en el mundo árabe piden la protección de sus superiores. El Consejo de Seguridad puede decretar una zona de exclusión aérea, pero no tiene cómo hacerla respetar. Será la OTAN quien tenga que imponerla. Son las fuerzas imperiales, disfrazadas de cascos azules, quienes mantendrán en tierra a la aviación Libia, bombardeando sus aeropuertos e instalaciones fijas o móviles de misiles tierra-aire y, de ser necesario, derribando los aviones.
La Liga Árabe no dio a conocer los detalles del voto. De los 22 Estados miembros, sólo 2 votaron por el NO. Fueron Argelia, que teme un despliegue de la OTAN en su frontera este, y Siria, el único país árabe que persiste, a pesar de la posición de todos los demás, en su oposición a la hegemonía estadounidense y al sionismo. Es probable que el Líbano y otros países hayan elegido la abstención.
Contrariamente a lo que sugieren los responsables occidentales, la Unión Africana nunca ha deseado una intervención militar extranjera. Por el contrario, la rechazó explícitamente el 10 de marzo [11]. La razón es evidente. Está claro para todos y cada uno de sus miembros que el drama libio está siendo amplificado de manera totalmente intencional con vistas a utilizarlo como pretexto para justificar un desembarco masivo de las fuerzas armadas estadounidenses en África.
Salvar las monarquías del Golfo
Arabia Saudita es el eje del dispositivo imperial en la región del Golfo. A principios del siglo 20, la familia Saud creó ese Estado con el apoyo de los británicos, después de guerras de conquista extremadamente sangrientas. Arabia Saudita y sus reservas petrolíferas –las más importantes del mundo– cayeron dentro de la órbita estadounidense al final de la Segunda Guerra Mundial. En virtud del acuerdo del Quincy entre el rey Ibn Saud y el presidente Roosevelt, la familia Saud está obligada a suministrar petróleo a Estados Unidos y Estados Unidos está obligado a garantizar la protección de la familia reinante, no la protección del país.
Arabia Saudita no es en realidad un Estado y ni siquiera tiene nombre. No es más que la parte de Arabia que pertenece a la familia Saud, cuyos miembros administran ese territorio según sus intereses personales (y los de Estados Unidos) mientras llevan una vida disoluta que nada tiene que ver con la austeridad wahhabita de la que tanto presumen. Como el rey Ibn Saud tuvo 32 esposas y 53 hijos, por lo que se decidió, en aras de limitar los conflictos familiares, que la corona no se transmitiera de padre a hijo, sino de hermano a hermano. El hijo mayor de Ibn Saud murió de enfermedad y fue por lo tanto el siguiente hijo, que tenía entonces 51 años, quien le sucedió en el trono en 1953.
En 1960, le siguió el tercer hijo, que contaba entonces 60 años, y así sucesivamente. El actual rey tiene 87 años, recientemente sufrió complicadas intervenciones quirúrgicas y es probable que no le quede mucho tiempo de vida. Su hermano Sultan, el presunto sucesor, padece el mal de Alzheimer. El resultado de todo lo anterior es un régimen impopular y frágil, que ya estuvo a punto de derrumbarse en 1979. Es por eso que tanto Riad como Washington ven con temor las insurrecciones árabes que se están produciendo alrededor de Arabia Saudita, en Yemen y en Bahrein.
El ejército de Arabia Saudita ya está presente en Yemen y espera ayudar al presidente Ali Abdullah Saleh a poner fin a la revuelta, con la ayuda de la CIA. Queda Bahrein.
Bahrein es una islita del tamaño de Micronesia o de la isla de Man. En el siglo 18, la familia de los Al-Khalifa, primos de la familia reinante en Kuwait, arrebataron a Persia ese pequeño territorio. Así que la monarquía de Bahrein es sunnita mientras que la población es árabe chiíta. Su economía, a diferencia de las demás monarquías del Golfo, no depende únicamente de los ingresos del petróleo. En Bahrein existe, sin embargo, una fuerte inmigración, cerca del 40% de la población total, proveniente principalmente de Irán y la India.
Ian Henderson, torturador al servicio de Su Majestad Isabel II, ha mantenido el orden en Bahrein durante 40 años.
Bahrein cayó en la órbita británica en 1923. Londres depuso al emir y puso en el poder a su hijo, más dispuesto a hacer concesiones. Durante los años 1950 y 1960, nacionalistas árabes y comunistas trataron de liberar el país. El Reino Unido respondió con el envío de sus mejores especialistas en represión, como Ian Henderson, conocido desde entonces como el «carnicero de Bahrein».
En definitiva, el país recobró su independencia en 1971, sólo para caer en la órbita de Estados Unidos, que instaló allí su base militar regional y estacionó en ella la 5ª Flota. Nuevos disturbios, inspirados en la Revolución iraní, se produjeron en Bahrein durante los años 1980. En los años 1990, las fuerzas de oposición –marxistas, nacionalistas árabes y khomeinistas– se unieron en una larga Intifada.
Alain Bauer, consejero de seguridad de Nicolas Sarkozy, fue puesto a cargo de la reorganización de la policía de Bahrein.
La calma no volvió hasta 1999, con el ascenso al trono del rey Ahmad, un déspota ilustrado que instituyó una Asamblea consultiva electa y favoreció el acceso de las mujeres a los cargos de responsabilidad. Esto le valió cierta conciliación con su oposición histórica, pero alejó de él a los extremistas de la minoría sunnita que sirve de apoyo al régimen.
Desde el 14 de febrero de 2011, nuevas manifestaciones han venido teniendo lugar en Bahrein. Organizadas al principio por el Wefaq, el partido khomeinista, las manifestaciones denunciaban la corrupción y el sistema policial. Pero el éxito popular del movimiento y la brutal represión de que fue objeto provocaron una rápida radicalización, a pesar de un tímido intento de apertura del príncipe heredero [12].
Al centro, el príncipe Khalil bin Ahmad bin Muhammad Al Khalifa, ministro de Relaciones Exteriores del reino de Bahrein, y sus amigos del American Jewish Committee.
La monarquía perdió su legitimidad como resultado de las revelaciones sobre el fortalecimiento de sus vínculos con el movimiento sionista. A partir de 2007, los Khalifa se vincularon con el American Jewish Committee. Según la oposición de Bahrein, dichos vínculos se establecieron a través de Alain Bauer, el consejero del presidente francés Nicolas Sarkozy. Fue el propio Bauer quien se encargó de reorganizar el sistema policial de Bahrein.
El secretario estadounidense de Defensa, Robert Gates, llegó a Manama el 13 de marzo de 2011 para reunirse con el rey de Bahrein y expresarle el apoyo de Estados Unidos. Al día siguiente, el ejército de Arabia Saudita penetró en Bahrein para aplastar la rebelión.
La mayoría de los manifestantes luchan ahora por el derrocamiento de la monarquía, lo cual constituye la línea roja que no se puede atravesar, según los parámetros de las demás monarquías del Golfo y de su protector estadounidense. Es por ello que el secretario estadounidense de Defensa, Robert Gates, viajó a Manama el 13 de marzo de 2011.
Oficialmente, Gates invitó al rey a tener en cuenta los reclamos de su pueblo y a buscar una salida pacífica al conflicto. Claro está, ese tipo de consejo no corresponde a un secretario de Defensa, sino a un secretario de Estado. En realidad, el señor Gates había ido a Bahrein para concretar la parte política de una operación militar que ya estaba lista.
Al día siguiente, el 14 de marzo, los otras 5 monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo dieron su consentimiento para la activación del «Escudo de la península», una fuerza común de intervención prevista desde hace mucho para contener la posible expansión de la revolución khomeinista. Esa misma tarde, 1 000 soldados de Arabia Saudita y 500 policías de los Emiratos Árabes Unidos entraban en Bahrein.
Se decretó el estado de urgencia por espacio de 3 meses. Se suspendieron las pocas libertades toleradas. En la madrugada del 16 de marzo, las fuerzas de las monarquías, armadas y entrenadas por Estados Unidos, actuaron de conjunto para desalojar a los manifestantes de los lugares donde estaban acampando. En vez de gases lacrimógenos, utilizaron gases de combate y munición real. Las autoridades reconocen más de 1 000 heridos de gravedad, entre los que se cuentan varios heridos de bala, pero sólo admiten 5 muertos, una proporción muy poco creíble.
La Doctrina Obama
Así que Washington hizo su elección. Después de un adormecedor discurso sobre los derechos humanos y de saludar la «primavera árabe» con forzado entusiasmo, la administración Obama optó por la fuerza para salvar lo que aún puede salvarse.
Al igual que en la época en que los comunistas derrocaron la monarquía afgana, fue el lacayo saudita quien recibió de Washington el encargo de dirigir la contrarrevolución. Armó a una facción de la oposición libia y convirtió el debate de la ONU sobre sanciones contra Libia en un debate sobre la creación de una zona de exclusión aérea, o sea sobre la intervención militar, e intervino militarmente en Bahrein.
No hay diferencia entre la «doctrina Obama» y la «doctrina Brezhnev». En 1968, los tanques del Pacto de Varsovia ponían fin a la «primavera de Praga» para proteger el vacilante Imperio soviético. En 2011, los blindados de Arabia Saudita aplastan al pueblo de Bahrein para proteger el Imperio anglosajón.
Hipnotizados por las catástrofes naturales y nucleares que se están produciendo al mismo momento en Japón, los medios de prensa occidentales observan el mayor silencio sobre el desarrollo de toda esta operación.
La Revolución francesa tuvo que hacer frente a la invasión de las monarquías que unieron sus fuerzas. La Revolución rusa tuvo que afrontar la arremetida de los ejércitos blancos. La Revolución iraní tuvo que enfrentar la invasión iraquí. La Revolución árabe tendrá que hacer frente al ejército de Arabia Saudita.
Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores,

Para saber como anda el mundo por Thierry Meyssan

martes, 22 de marzo de 2011

Para compartir, nota de Walter Moore

EL NEOLIBERALISMO COMO
AMENAZA NUCLEAR
Por Walter Moore
Buenos Aires, 21 de marzo de 2011
Cuando en la década de 1990 el Estado japonés entregó a las corporaciones el control de las empresas eléctricas que utilizaban centrales nucleares, puso al mundo entero al borde de la apocalipsis que podría producirse si estallara el grupo de plantas ubicadas en la costa norte de su país.
Este escenario ha sido posible porque el liberalismo toma de decisiones para la evaluación de riesgo de sus emprendimientos en función del costo-beneficio. Las decisiones finales no se encuentran en manos de los sectores técnicos sino que las máximas decisiones está en manos de un directorio, este grupo de personas es designado, o aprobado, por “los inversores” que esperan siempre las ganancias máximas por el capital invertido.
Ante estos señores es muy difícil justificar grandes gastos destinados a prevenir un accidente cuya posibilidad de que ocurra es baja. Normalmente instruye a la dirección técnica de las empresas que deber evaluar antes de proceder, cuales son las “ganancias ahora versus el riesgo futuro”, y en el capitalismo sólo se toma en cuenta el futuro para prever las ganancias, y estas rara vez son casuales, aunque las pérdidas pueden serlo.
Es así como normalmente no se asignan fondos para la “prevención de eventos poco probables”, como por ejemplo, un terremoto seguido por un sunami. Ese riesgo no ameritaba, para esos señores, por ejemplo, colocar bajo tierra, y protegidos contra sismos e inundaciones a los generadores de electricidad de las plantas atómicas, un elemento imprescindible para la circulación del agua que refrigera el material nuclear.
Y el “evento poco probable”, ocurrió. El terremoto rompió los edificios y el sunami llevó el agua del mar hasta destruir los generadores de electricidad. La falta de energía paralizó a las bombas, entonces el agua se evaporó y todo el sistema se convirtió en una “muy probable” bomba atómica de enorme potencia y capaz de enviar desechos radiactivos al menos a todo el hemisferio norte del único planeta habitable que conocemos.
Y los que tuvieron que salvar el desastre ocasionado por la codicia de los “inversores”, no fueron estos individuos, que deberían haber sido obligados a poner el cuerpo para arreglar el desastre, sino los esforzados trabajadores, que pusieron en peligro su salud y su vida para volver a hacer funcionar las bombas refrigerantes.
El “Gran Desastre” fue así impedido hasta ahora, pero las centrales quedaron arruinadas, cosa que preocupa poco a los codiciosos inversores, porque eso entra en la rutina de pelearse con los codiciosos directorios de las aseguradoras, que tal vez sean privadas, pero que buscarán desesperadamente los vericuetos legales que les impidan pagar lo que corresponde, pues sus montos son tan grandes que puede llevarlos a la quiebra.
El desastre japonés es un dato más que hace que el futuro de la ideología neoliberal no pueda ser más negro.
La Humanidad entera va comprendiendo como la codicia de unos pocos, pone en riesgo hasta la supervivencia de nuestra especie. Ya no se trata de saquear a pueblos indefensos o explotar a los que trabajan, sino de envenenar masivamente a la población entera de un país.
Y los “ahorros” de las centrales nucleares japonesas no son la única manera en que ponen en riesgo a la humanidad, también nos amenaza la destrucción de los bosques, la contaminación de los mares, los venenos agroquímicos, la especulación inmobiliaria, para mencionar unas pocas políticas destructivas aplicadas nada más que para maximizar las ganancias de los grupos más ricos del planeta.
Estos grupos van de fracaso en fracaso: La implosión financiera, la desenfrenada inmigración de los pueblos saqueados, el incremento de acciones bélicas y sus correspondientes derrotas, si bien no son todas en el campo de batalla, pero si en una desfavorable opinión pública mundial, que finalmente se hará oír dentro de los países invasores, pues el sistema neoliberal va creando un desorden institucional creciente incluso en los países más favorecidos por sus intereses.
Este colapso nuclear es sólo son una de las consecuencias de la concepción cortoplacista del mundo que tienen los “intereses privados” defendidos con un entusiasmo digno de mejores causas por parte de los cipayos locales.
Pocas veces queda más expuestas lo intensamente negativo de  esta doctrina que en el caso de las centrales nucleares japonesas, donde la codicia de unos pocos amenaza al resto de los seres humanos.
Este poder debe ser contenido, y los únicos que pueden hacerlo son los Pueblos y los dirigentes que colaboren con sus intereses.
Nuestro gobierno ha emprendido este camino.

Para conpartir, tomado del diario La Jornada de Mexico

Bajo la Lupa
La batalla por el petróleo de Libia y la esquizofrenia occidental
Alfredo Jalife-Rahme
D
esde el inicio de la extática revolución del jazmín que impregnó los cuatro rincones del mundo árabe, han sido defenestrados dos sátrapas aliados de Estados Unidos (EU), Gran Bretaña (GB) y Francia en el norte de África (Bin Ali Baba y Hosni Mubarak; este último también adepto de Israel) y se han escenificado en el lapso de una semana dos intervenciones (eufemismos que encubren guerras donde el común denominador se subsume por el control de los hidrocarburos): Bahrein y Libia.
Resulta inconsistentemente insostenible la descabellada propaganda occidental sobre la protección de civiles de Bengasi para implementar la zona de exclusión aérea en toda Libia mediante las operaciones bélicas de Francia, EU y Gran Bretaña –en ese orden secuencial y para citar sólo a tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.
Occidente emerge fracturado con la abstención relevante de Alemania respecto a la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad, además de la inhibición conspicua del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), ya no se diga la reticencia de Turquía.
¿Por qué Occidente (sin Alemania) no protege entonces a los civiles contestatarios de Bahrein y Yemen, cuyos regímenes son aliados de EU, GB y Francia?
¿Son diferentes los civiles de Bahrein (ver Bajo la Lupa 16/3/11) y Yemen (Bajo la Lupa 2/3/11) a los de Bengasi?
Lorientlejour.com (19/3/11), uno de los rotativos mas pro occidentales del mundo árabe, narra que las autoridades de Bahrein destruyeron la Plaza de la Perla para facilitar el tráfico vehicular. La desacralización es mayúscula: la Plaza de la Perla representa el monumento que se convirtió en el símbolo de la contestación reprimida violentamente (¡súper sic!) por las fuerzas gubernamentales.
¿Que tan violenta deberá ser la represión gubernamental para que valga un operativo bélico de Francia, GB y EU, bajo el resguardo de una resolución del Consejo de Seguridad?
En Occidente el petróleo decide su axiología.
La batalla por Libia no tiene nada que ver con la hipócrita protección de los civiles, lo cual enunciamos en la radio española Prisa en una entrevista con Ángels Barceló en Hora 25 Global (18/3/11).
Si el represor de civiles posee petróleo y es aliado de EU, GB y Francia, pues tan sencillo como esconder la cabeza como avestruz.
Al contrario, si el represor es una potencia petrolera volátil, como Libia, en sus relaciones sado-masoquistas con Occidente (no olvidar las excelentes relaciones del coronel Kadafi con el ex primer británico Tony Blair y con el mismo Sarkozy, sobre las que podemos redactar una truculenta enciclopedia), entonces, se invoca selectivamente la salvación del género humano en Bengasi.
El mismo día que se aprobaba la Resolución 1973 para detener el sitio de Bengasi por las tribus leales al coronel Kadafi, otro sátrapa, Abdalá Saleh, con más de 30 años en el poder y gran aliado de EU en contra de Al Qaeda, realizaba una carnicería (¡súper sic!) en Saná (lorientlejour.com19/3/11).
Bahrein y Yemen, dos aliados de EU (por extensión, de GB y Francia), y cuyos déspotas tienen licencia para asesinar a sus opositores pacifistas, han decretado el estado de emergencia.
Andrew North de BBC News (18/3/11) –una televisora gubernamental de GB, vale recordar– pregunta cándidamente: ¿Por qué EU apoya el uso de la fuerza en Libia, pero no en Bahrein ni en Yemen?
North insiste obsesivamente: ¿Cuál es la diferencia entre Libia y Yemen o Bahrein? Los tres estados han usado la violencia para aplastar las protestas pro democracia.
Finalmente, se responde: en un nivel la respuesta es obvia (¡súper sic!) Bahrein y Yemen son aliados de EU, especialmente Bahrein, con su amplia base naval estadunidense. Libia no lo es ¡Que hallazgo!
Asevera que Arabia Saudita –furiosa por la defenestración de Mubarak, pero todavía gran aliada de EU– ha impuesto una línea roja sunnita en Bahrein.
Concluye North con una apreciación de Marina Ottaway, directora del programa sobre Medio Oriente del Carnegie Endowment for International Peace: Al final, los intereses vienen primero. Para EU la estabilidad en los países petroleros aliados ahora parece (sic) cortar la esperanza de sus movimientos contestatarios. ¿Podrán? ¿Hasta cuándo?
Ya que existen líneas rojas sunnitas en ciertas subregiones de Medio Oriente, ¿Habrá también, en la óptica estadunidense, equivalentes de líneas rojas chiítas?
Mas allá de la palmaria esquizofrenia que expone dos pesas y dos medidas frente al mismo fenómeno contestatario, cuando la situación en el mundo árabe es sumamente precaria y excesivamente fluida, Occidente optó por repetir sus trágicos errores tanto en los Balcanes (v.gr Srebrenica) como en Irak, con sus disfuncionales zonas de exclusión aérea y decidió tomar partido en contra de las tribus de Trípoli y en favor de las tribus de Bengasi (donde se encuentra la mayor cantidad de los hidrocarburos de Libia, según la cartografía francesa de Le Monde 19/3/11).
Cabe destacar que Libia es un país cuya rivalidad entre sus dos polos históricos de poder es explotada por Occidente: Tripolitania (capital Trípoli) y Cirenaica (capital Bengasi).
En la fase del caos inherente a la transición del incipiente orden multipolar, Occidente no cuenta con Alemania, que se ha acercado más a Rusia y a China, mientras se aleja de la impetuosidad legendaria de Nicolas Sarkozy, de la eterna perfidia británica de David Cameron y de la notable inconsistencia de Obama, quien se debate dramáticamente entre el viejo orden del poder duro militar y el poder blando del siglo XXI, cuando EU se encuentra empantanado en Irak, Afganistán, Pakistán, Yemen y hasta en la transfrontera con México (con sus letales drones).
En una redición del entendimiento cordial (Entente cordiale) franco-británico reminiscente del anacrónico colonialismo decimonónico, ¿Sarkozy y Cameron le forzaron la mano a Obama, quien lanzó la orden de disparar sus misiles durante el inicio en Brasil de su gira mercantilista a Latinoamérica?
El costo aventurero de la fractura occidental por Libia puede ser enorme.
Steve Clemons, muy consultado jefe de política exterior de New America Foundation, quien suele ser amigable con Obama, revela que la Casa Blanca vuela sin estrategia y que tenemos ahora una presidencia reactiva (sic) y no una que sea estratégica (The Foreign Policiy 18/3/11).
Los problemas del siglo XXI no se resuelven con cañoneros reflejos condicionados de las decadentes potencias coloniales. Son tiempos de prudencia y de ajuste realista, no de fugas hacia delante.
El avispero de Libia, sea cual fuere su desenlace, que no parece halagüeño para nadie, es apenas el prólogo de un voluminoso libro que está por escribirse en el mundo árabe, pero también en toda África, donde se celebrarán numerosas elecciones este año que pueden despertar los demonios legados por el colonialismo.
¿Tendrán aviones y pilotos suficientes Francia, GB y EU para imponer zonas de exclusión aérea –es decir, el modelo libio– en los 22 países árabes o en los 57 países de la Organización de la Conferencia Islámica o en los 53 países de Unión Africana?
Alea jacta est: la moneda está en el aire.

jueves, 17 de marzo de 2011

Nuetros amigos imperiales

LA BRITISH PETROLEUM VENDE SUS ACCIONES DE YPF


LLa puesta en venta en la Bolsa de Wall Street de 6,17% de YPF, ccon la posibilidad de ampliarse al 7,1%, realizada por la British PPetroleum a través de su empresa subordinada REPSOL es el rresultado de la difícil situación financiera en que se encuentra después de los desastres de sus plataformas en el golfo de Mexico, motivo por el cual se encuentra liquidando patrimonio en todo el mundo para obtener el capital que le impida ir a la quiebra.
La invención de REPSOL, fue una estrategia establecida por el Foreign Office británico, y acordada con el agente del Council on Foreign Relations de Nueva York, Domingo Cavallo, firmada el 15 de febrero de 1990 conjuntamente con el Tratado de Paz de las Islas Malvinas (Tratado de Madrid), actuando como el canciller del gobierno argentino presidido por Carlos Menem.

La invención de Repsol, fue necesaria para disimular que ese tratado incluyó la entrega de toda nuestra minería a los agresores británicos, conviniendo que las explotaría a través de empresas españolas e integrantes del Commonwealth, tales como Canadá, Australia, Nueva Zelandia, Sudáfrica, India y otras.

Inmediatamente después,  Cavallo es designado Ministro de Economía de ese mismo gobierno, y para dar forma a tal tratado secreto, firma el Tratado de Garantía de las Inversiones Extranjeras (Tratado de Londres) el 11 de diciembre de 1990, que fuera ratificado posteriormente por la ley Nº 24.184. La Cámara de Diputados precedió a votar esa ratificación el 3 de septiembre de 1992, sin estudio ni debate, y en una sesión que en el diario de sesiones respectivo contabiliza ocho renglones.

En ese mismo trato se convino la partición de la responsabilidad sobre la explotación minera en manos de los distintos gobernadores provinciales, propuesta que se consolida con la reforma constitucional de 1994, gracias al Pacto de Olivos firmado por Menem y Alfonsín, todos recursos para permitir a los intereses británicos saquear nuestros minerales con mayor facilidad.

Pero en el año 2011 las circunstancias internacionales son muy distintas que en 1990. El colapso financiero ha deteriorado el Poder Global del dinero, y ya no puede sostener a economías ficticias como la de España, designada como el testaferro europeo, y en especial de Inglaterra, para disimular el saqueo en América Latina, y especialmente en nuestro país.

Conjuntamente con el deterioro de la economía británica, la necesidad de mantener la ficción de que Repsol es una empresa petrolera diferente, o que los bancos españoles son otra cosa que filiales de bancos británicos o que Iberia era otra cosa que una testaferro de la British Airways, enviada a robar Aerolíneas Argentinas, se desmoronan por los pasos que la crisis obliga, pues Iberia terminó siendo absorbida por la British hasta tal punto que sólo dejó en poder de Iberia el 10% de sus acciones, Repsol hace lo que la BP necesita y los bancos españoles son salvados por los británicos.

Lo mismo sucede con Telefónica que al parecer es del banco Citi, y esta ficción empresarial seguramente alcanza a la totalidad de las inversiones con cara española en toda América Latina del saqueo británico. Pero después del colapso del 2008 la ficción de que España es un país económicamente importante no puede sostenerse.

La crisis de la economía británica hizo que este país recogiera el barrilete de sus inversiones fuera de su país, con lo cual quedó en evidencia que la prosperidad española, (la de un país que no fabrica casi nada)  se debió sólo a tres causas fundamentales: el destino de su territorio para las inversiones inmobiliarias en sus soleadas costas, que en gran medida son una forma de lavado de dinero por parte del capital sobrante de toda Europa occidental y que colapsó con el desastre hipotecario, el rol de testaferro del capital británico en nuestro país y en algunos otros de América Latina, una ficción que no podrá sostenerse, y la depredación de la pesca en nuestros mares, cosa que hace siguen haciendo por cuenta propia, y cuya continuidad depende de nuestras decisiones soberanas.

La precariedad de la economía española es de una profundidad tal que, si el flujo de dinero y bienes procedente de nuestro país se detuviera, si se tomara la decisión política de cortar la sangría económica que nos provoca nuestro enemigo británico y sus socios de Europa y del Commonwealth, es probable que la economía española colapsara, arrastrando a otros países europeos, y en especial al Reino Unido.

Esto coloca a nuestro país en una situación inversa a la de los 90, donde se sometió al saqueo más brutal del que se tenga historia. Ahora el destino de los países enriquecidos depende, en gran medida de las decisiones políticas que tomen los países antes acorralados y designados como “Tercer Mundo”. El cambio en marcha en los países árabes, y el desastre japonés van en esa dirección.

Este es el momento de apurar el camino hacia la liberación definitiva, rompiendo lazos con los que nos saquearon durante siglos.

viernes, 4 de marzo de 2011

El avión de la discordia




Los EE.UU. con su infinita demostración de poder, con su desprecio por los demás, trajo a la Argentina un avión con lo que se le ocurrió poner dentro, desde armas y municiones hasta drogas, solo le falto algún narcotraficante colombiano o mexicano amigo, de ellos.
Este hecho, como tantos otros, demuestra que los EE.UU. creen que son una monarquía y los demás países siervos de la gleba.
El problema que tenemos nosotros, (los considerados siervos por ellos los que se consideran y son considerados, por algunos, reyes), es el sometimiento de una clase, la dominante económicamente, a este designio según ellos, divino.
El debate entre Longobardi y el Ministro Fernández, por radio 10, es el fiel reflejo de ese sometimiento, Longobardi exigía explicaciones a un Ministro de la Nación Argentina por la afrenta cometida hacia la divinidad reinante en el planeta, como un siervo se atreve a tener el tupe de revisar y, peor, revisar una carga proveniente del país de la libertad y los derechos civiles, (de ellos).
El sometimiento económico, cultural, político e intelectual de Longobardi es aberrante y el de muchos argentinos también, pensemos que este periodista es el más escuchado en su horario.
Uno puede disentir en algunos puntos con un periodista, si este tiene variedad de opiniones en diversos temas, pero los periodistas como el o Sola o Blank o Magdalena o Burgeño o Silvestre o tantos otros tienen solo pensamiento único, por lo tanto solo cabe disentir en un todo, son periodistas a los cuales ni se puede escuchar ni tener en cuenta, ya que el valor mas preciado de un periodista es la ecuanimidad y la verdad, cuando se recurre al ocultamiento, la mentira y el sometimiento intelectual por el mero beneficio económico solo queda el ostracismo para ellos.
Hoy todavía gozan de un reconocimiento que no merecen, todavía hay muchos argentinos colonizados por estos pseudos periodistas que solo defienden sus intereses económicos y son serviles al poder de las corporaciones, en su propio beneficio y en contra de los intereses del conjunto de la sociedad.
La embajada norteamericana siempre fue un factor de poder en todo el mundo y gracias a ese pensamiento de sometimiento es que pueden hacer lo que quieran.
Hoy un gobierno elegido libremente por el pueblo hizo cumplir una norma aduanera y todos los cipayos nacionales salieron en defensa del rey, como tienen la osadía, dicen al unísono, ¿como hacen cumplir leyes nacionales al soberano?, ¿Quiénes fueron los osados que se atrevieron? para ellos la pira en la plaza publica, eso se merecen.
Como les gustaría ser una estrella más en la bandera norteamericana, como Roca que quería que fuéramos la joya más preciada de la corona británica.
Este gobierno se atrevió porque se cree y se siente soberano, cree en la igualdad de las naciones y el equilibrio que da la política y la diplomacia, no cree en la prepotencia imperial ni se somete a ella, en algunas cosas podré estar en desacuerdo pero en esta brindo por ellos y por nosotros.
Para finalizar les recuerdo que en el documental sobre el golpe militar en Chile el ex embajador norteamericano reconoció que el dinero que solvento el golpe llego a Chile por valija diplomática, igualito que llego el avión con armas, municiones y drogas a la argentina, para el “establishmen” esta bien, eran solo para uso personal.